La libertad, manida palabra, todos la hemos tenido alguna vez en la boca cuando pretendiamos hablar de cosas elevadas y santas, pero difícilmente nos habremos preguntado por su significado más profundo, por lo que realmente significa. Muchos al hablar de libertad se refieren a su uso más moderno, la libertad de que, se supone, disfrutamos hoy; libertad de hacer ésto o lo otro en mi tiempo libre (por supuesto pagando), libertad de decir cuantas sandeces se nos vengan a la boca, libertad para comprar lo que queramos, éste es el sentido que la modernidad quiere dar a la libertad. Pero la que habla aquí es una moral pequeña, de esclavos, y por tanto un nombre más correcto para todo eso sería las mil pequeñas esclavitudes...
La libertad, palabra en nombre de la cual se han iniciado las más sangrientas revoluciones en el pasado y que, aún hoy, inflama con pundonor los corazones, no se deja definir tan fácil y banálmente. En el pasado la libertad se contraponia a la esclavitud, libre era el que podía hacer lo que quería, lo que quería, ¿se comprende bién? pues ya querer implica un cierto estado del espíritu y una cierta dirección de la consciencia. Ésto ya nos va marcando una dirección, libre es el que puede hacer aquello que quiere, que és capaz de hacer lo que quiere, ésto se contrapone a la actitud del hombre moderno, que es jugete en manos de todas sus voliciones y pequeños apetitos, ellos tienen poder sobre él y le manejan a su antojo...
Por tanto, la libertad no sería otra cosa que la capacidad de obrar corréctamente, con arreglo a lo que debe ser, y nunca la posibildad de equivocarse, pues; ¿cómo iba a ser equivocarse ser libre?.
Libre es el que tiene la fuerza suficiente para jamás desviarse del camino, para nunca tomar la senda fácil y que siempre sube en el camino de la vida, sin jamás detenerse, ese, es libre.
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Pfff, un poco farragoso y mediocre,sobre todo comparado con el 1º. Y además la última parte apesta un poco a "canto a la libertad"
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